astralzone - víctor m. martínez
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La Estrella - Arcano Nº XVII
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Esto no carece ni de poesía, ni, especialmente, de probabilidad, y el estudio del Tarot, que es evidentemente el libro primitivo y jeroglífico, como lo ha entendido el sabio Guillermo Postel, bastaría para convencernos de ello. Los signos impresos en la Luz Astral por el reflejo y la atracción de los astros, se reproducen, pues, como lo descubrieron los sabios, sobre todos los cuerpos que se forman mediante el concurso de esa luz. Los hombres llevan las signaturas de su estrella en la frente, y sobre todo, en las manos; los animales en su configuración y en sus signos particulares; las plantas las dejan ver en sus hojas y en su grano; los minerales en sus vetas y en el aspecto de sus cortes. El estudio de estos caracteres ha constituído el trabajo de toda la vida de Paracelso, y las figuras de sus Talismanes son el resultado de sus investigaciones; pero no nos ha transmitido la clave y el alfabeto astral con sus correspondencias permanece todavía por hacer; la ciencia de la escritura mágica no convencional se ha detenido, para la publicidad, en el planisferio de Gaffarel. El arte serio de la adivinación reposa por completo en el conocimiento de estos signos. La quiromancia es el arte de leer en las líneas de la mano la escritura de las estrellas, y la metoposcopia busca los mismos caracteres, u otros análogos, sobre la frente de los consultantes. Efectivamente, los pliegues formados en la faz humana por las contracciones nerviosas, están fatalmente determinadas, y la irradiación del tejido nervioso es absolutamente análogo a esas redes formadas entre los mundos por las cadenas de atracción de las estrellas. Las fatalidades de la vida se escriben, pues, necesariamente en nuestras arrugas, y se reconocen, con frecuencia a primera vista, sobre la frente de un desconocido una o muchas letras misteriosas del planisferio astrlógico. Esa letra es todo un pensamiento, y ese pensamiento debe dominar la existencia de ese hombre. Si la letra no está muy clara y está penosamente grabada, hay lucha en él entre la fatalidad y la voluntad, y ya en sus emociones y en sus tendencias más fuertes, todo su pasado se le revela al Astrólogo; el porvenir entonces es fácil de conjeturar, y si los acontecimientos engañan a veces la sagacidad del investigador, el consultante no queda menos asombrado y convencido de la ciencia sobrehumana del adepto.
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Eliphas Levi
Según Ptolomeo, el Sol deseca y la Luna humedece; según los esoteristas, el Sol representa la justicia rigurosa, y la Luna es simpática a la misericordia. Es el Sol el que forma las tempestades; es la Luna la que por una especie de dulce presión atmosférica, hace crecer y decrecer y como respirar al mar. Comenta el Gran Maestro Eliphas Lévi Zahed (1810-1875) del Sohar, uno de los grandes libros sagrados del Esoterismo Hebreo, que cuando "La Serpiente Mágica, hija del Sol, iba a devorar al Mundo, la mar, hija de la Luna, le puso el pie sobre la cabeza y la dominó". Por esto es por lo que, entre los antiguos, Venus era la hija del mar, como Diana era idéntica a la Luna; también por esto el nombre de María significa estrella del mar o sal del mar. Para consagrar este dogma en las creencias del vulgo, se dijo en lenguaje profético: "Es la mujer la que debe aplastar la cabeza de la serpiente". El matemático Gerolamo Cardano, uno de los más audaces investigadores, y, sin contradicción, el astrólogo más hábil de su tiempo, y que fué, si hemos de dar crédito a la leyenda de su muerte, el mártir de su fe en Astrología, ha dejado un cálculo, por medio del cual todo el mundo puede prever la buena o mala fortuna de todos los años de su vida. Para saber, pues, cuál será la buena o mala fortuna de un año, resume los acontecimientos de aquellos que han precedido en 4, 8, 12, 19 y 30; el número 4 es el de la realización o del Sol; el 8, el de Venus o el de las cosas naturales; el 12, que es el ciclo de Júpiter, corresponde a los éxitos, a los buenos acontecimientos; el 19 corresponde a los ciclos de la Luna y de Marte, y el número 30 es el de Saturno, o sea el de la fatalidad. Juan Trithemo, en su libro De las causas secundarias, ha calculado muy curiosamente la vuelta de los años dichosos o funestos para todos los imperios del mundo, con, la continuación del trabajo de Trithemo hasta nuestros días y la aplicación de su escala a los acontecimientos contemporáneos para deducir las probabilidades más asombrosas relativamente al porvenir próximo del mundo. Según todos los grandes maestros en Astrología, los planetas presiden las colecciones de seres y modifican los destinos de las agregaciones de hombres; algunas veces un grupo de estrellas influye todo él en los destinos de un solo hombre, y con frecuencia un gran número de almas se ven atraídas por los rayos lejanos de un mismo Sol. El alma debe luchar después con energía contra los instintos para afirmar la libertad moral que le permitirá, en el momento de la muerte, romper las cadenas de la tierra y volar triunfante hacia el astro consolador, cuya luz le ha sonreído. Tal es la grande y sublime revelación de los Maestros, revelación madre de todos los símbolos, de todos los dogmas, de todos los cultos, de todas las religiones descendientes únicamente de la Astrología. Es, por el contrario, la Astronomía la que ha nacido de la Astrología primitiva es una de las ramas del Santo Saber, la ciencia y la religión de las religiones. Así se ve, en el Arcano XVII del Tarot, una admirable alegoría: Una mujer desnuda, que representa a la vez la Verdad, la Naturaleza y la Sabiduría, inclinando dos urnas hacia la tierra, donde vierte fuego y agua; por encima de su cabeza brilla el septenario estrellado, alrededor de una estrella de ocho rayos, la de Venus, símbolo de paz y de amor; alrededor de la mujer, verdean las Plantas de la tierra, y sobre una de esas plantas viene a posarse la mariposa de Psiquis, emblema del alma, reemplazada en algunas copias del libro sagrado Por un pájaro, símbolo más egipcio y probablemente más antiguo. Esta figura, que en el Tarot moderno lleva el título de estrella, es análoga a muchos Símbolos Herméticos, y no deja de guardar analogía con la estrella flameante que guió los pasos de los Magos Astrólogos que adoraron al Salvador.


 
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